Australia ha advertido que la crisis energética global no puede resolverse incrementando el uso de combustibles fósiles, sino acelerando la transición hacia energías renovables. El ministro de Cambio Climático y Energía, Chris Bowen, señaló que la actual inestabilidad, agravada por tensiones geopolíticas como el conflicto en Oriente Medio, evidencia la vulnerabilidad de un sistema dependiente del petróleo y el gas. En este contexto, defendió que fuentes como la solar y la eólica ofrecen mayor estabilidad, al no estar sujetas a interrupciones externas ni a la volatilidad de los mercados.
El Gobierno australiano destaca además que las energías limpias no solo contribuyen a reducir emisiones, sino que refuerzan la seguridad energética y aportan beneficios económicos. Este enfoque marcará su papel en la próxima COP31, donde se buscará fortalecer la cooperación internacional y avanzar en una transición energética justa. La apuesta por la electrificación y el almacenamiento energético consolida un cambio estructural en el modelo global, orientado hacia un sistema más sostenible, resiliente y eficiente.