Cada vez que enviamos un correo electrónico, vemos un vídeo en streaming, mandamos un mensaje de WhatsApp o entrenamos a una inteligencia artificial gastamos energía. Para hacernos una idea, si el mundo digital fuera un país, sería el tercer consumidor de electricidad del planeta. Pero con tan solo adoptar una serie de hábitos, nuestra contaminación digital puede reducirse. Conoce algunos datos más acerca de nuestras emisiones de CO2 al usar Internet y cómo podemos disminuirlas.
Nuestra huella digital en cifras
Según la ADEME (French Agency for Ecological Transition-Agencia Francesa de Transición Ecológica), Greenpeace y The Shift Proyect, estas son algunas de las cifras más destacadas de nuestra huella digital:
El mundo digital representa el 4 % de las emisiones de efecto invernadero o 1,5 veces más que el transporte aéreo. Y si fuera un país, sería el tercer consumidor mundial de electricidad.
Fabricar un ordenador supone 240 kilos de combustibles fósiles + 22 kilos de productos químicos + 1,5 toneladas de agua.
Los emails profesionales de unos 100 empleados durante un año contaminan igual que 13 viajes en avión entre París y Nueva York.
Ver vídeos en streaming supone la emisión de 300 millones de toneladas de CO2 por año, la misma cantidad que se emite en España en un un año.
¿Cómo podemos contaminar menos al usar Internet?
Todos los usuarios podemos reducir las emisiones de CO2 producidas en el entorno digital tan solo con cambiar algunos pequeños hábitos. Esta lista de conductas sostenibles puede ayudarnos a alcanzar el logro:
Tomar consciencia. El primer paso es reconocer que con nuestras acciones en el entorno digital generamos un impacto medioambiental.
Comprar productos energéticamente eficientes. El etiquetado energético es una herramienta muy práctica que puede ayudar a la elección de los aparatos.
Utilizar el correo electrónico de manera responsable. Hay que evitar enviar comunicaciones cuando no sean necesarias (por ejemplo, la opción “responder a todos”). También es importante restringir el envío de imágenes y, especialmente, vídeos. Si lo hacemos, mejor en formato comprimido o en tamaño pequeño (a ser posible con extensiones JPG y GIF, que permiten reducir el tamaño de la imagen —por lo que pesa menos— sin que eso influya en su calidad).
Vaciar la carpeta de papelera del correo. Esto incluye darse de baja de las suscripciones y newsletters que no sean interesantes.
Cerrar las páginas web después de haberlas visitado. Así se evita el tráfico de datos innecesario tras consultar la página.
Escoger buscadores “sostenibles”, que compensen las emisiones con acciones medioambientales y utilicen energías verdes en sus servidores. Ecosia, Give Water, Ekoru o Ecogine son algunos ejemplos.
Activar el ahorro energético en los dispositivos digitales y apagarlos cuando ya no se usan; también mientras dormimos. Otra opción es activar el ‘modo avión’ de teléfonos y tabletas durante el sueño. Así impedimos el tráfico de datos y el consumo digital.
Reparar antes que comprar. Si no es posible, reciclar adecuadamente en los puntos habilitados.
Dar una segunda vida a los dispositivos digitales. Cuando no se usen pueden regalarse o venderse.