El sistema sanitario de chivatos hace agua: avisa tarde, mal y cuando ya no hace falta

Fecha: 
26/11/2018

Todo cambió el 22 de junio de 2015. Ese día, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) recibió una comunicación de la empresa distribuidora española del Ala Octa. W.M. Bloss había detectado al menos 20 casos de complicaciones por el uso del perfluoroctano, a los que sumaron otros 14 de inmediato. De la noche a la mañana, la Unidad de Farmacovigilancia del País Vasco, del Hospital de Galdakao-Usansolo, remitió una decena de notificaciones a la AEMPS por incidentes adversos del Ala Octa que habían tenido lugar hasta nueve meses antes. Estos casos habían pasado inadvertidos hasta entonces. Cuatro días más tarde, el 26 de junio, la AEMPS envió una alerta sanitaria a todas las comunidades autónomas para que dejaran de utilizar, “de forma inmediata”, el Ala Octa por la “desestructuración de las capas retinianas con pérdida de agudeza visual” en los pacientes operados.

Pese a que el producto se había retirado del mercado y los hospitales dejaron de utilizarlo en las cirugías de retina, el número de afectados por el Ala Octa no paró de aumentar desde la alerta sanitaria de la AEMPS. En octubre de 2015 había detectados 41 casos en 11 centros sanitarios; un mes más tarde, 47 en 14; en diciembre, 57 en 18 hospitales de nueve comunidades. La cifra prácticamente se duplicó en marzo del año siguiente, hasta superar el centenar de casos en 23 centros de 10 regiones, para alcanzar los 116 casos en 28 hospitales de 13 comunidades en julio de 2016. ¿Cómo era posible?

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